lunes, 1 de abril de 2013

El bardo tapatío

Aunque no con la fama de Amado Nervo y de Sor Juana Inés de la Cruz, posiblemente uno de los mejores poetas que haya dado México es Enrique González Martínez, médico de profesión y apasionado poeta rebosante de inspiración.

Puesto que el mejor tributo que se le pueda rendir a cualquier hombre es recordándolo por sus buenas obras, sin entrar en mayores detalles plasmaremos en estas páginas algunas de las rimas con las cuales el bardo de la perla jalisciense inmortalizó su paso entre nosotros por este mundo.





El sembrador de estrellas

Y pasarás, y al verte se dirán: «¿Qué camino
va siguiendo el sonámbulo?….» Desatento al murmullo
irás, al aire suelta la túnica de lino,
la túnica albeante de desdén y de orgullo.

Irán acompañándote apenas unas pocas
almas hechas de ensueño. . . .Mas al fin de la selva,
al ver ante sus ojos el murallón de rocas,
dirán amedrentadas: «Esperemos que vuelva.»

Y treparás tú solo los agrietados senderos;
vendrá luego el fantástico desfile de paisajes,
y llegarás tú solo a descorrer celajes
allá donde las cumbres besan a los luceros.

Bajarás lentamente una noche de luna
enferma, de dolientes penumbras misteriosas,
sosteniendo tus manos y regando una a una,
con un gesto de dádiva, las lumínicas rosas.

Y mirarán absortos el claror de tus huellas,
y clamará la jerga de aquel montón humano:
«Es un ladrón de estrellas…» Y tu pródiga mano
seguirá por la vida desparramando estrellas…






La siguiente composición poética del bardo tapatío nos invita a buscar en todas las cosas su significado más profundo, ese significado que solo podemos comprender cuando verdaderamente nos entregamos a un remanso de paz espiritual y tranquilidad interna.




Busca en todas las cosas

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje…
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora…
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido…




¿Quién no ha visto un atardecer hermoso que quisiera recordar por el resto de su vida? La siguiente composición nos invita a recordarlo, volviéndonos a revivir otras épocas, quizá de nuestra infancia, que hubiéramos querido que duraran para siempre.




¿Te acuerdas de la tarde?

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal?…
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar…

Mis ojos eran hechos para formas sensibles;
me embriagaba la línea, adoraba el color;
apartaba mi espíritu de sueños imposibles,
desdeñaba las sombras enemigas del sol.

Del jardín me atraían el jazmín y la rosa
-la sangre de la rosa, la nieve del jazmín -
sin saber que a mi lado pasaba temblorosa,
hablándome en secreto, el alma del jardín.

Halagaban mi oído las voces de las aves,
la balada del viento, el canto del pastor,
y yo formaba coro con las notas suaves,
y enmudecían ellas y enmudecía yo…

Jamás seguir lograba el fugitivo rastro
de lo que ya no existe, de lo que ya se fue…
Al fenecer la nota, al apagarse el astro,
¡oh sombras, oh silencio, dormitabais también!

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal?
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar…

Seguramente hay quienes encuentran en la vida a su alma gemela. Quizá pensando en ellos, el poeta eminente de Jalisco compuso la siguiente pieza:




A la que va conmigo

Iremos por la vida como dos pajarillos
que van en pos de rubias espigas, y hablaremos
de sutiles encantos y de goces supremos
con ingenuas palabras y diálogos sencillos.

Cambiaremos sonrisas con la hermana violeta
que atisba tras la verde y oscura celosía,
y aplaudiremos ambos la célica armonía
del amigo sinsonte que es músico y poeta.

Daremos a las nubes que circundan los flancos
de las altas montañas nuestro saludo atento,
y veremos cuál corren al impulso del viento
como un tropel medroso de corderillos blancos.

Oiremos cómo el bosque se puebla de rumores,
de misteriosos cantos y de voces extrañas;
y veremos cuál tejen las pacientes arañas
sus telas impalpables con los siete colores.

Iremos por la vida confundidos en ella,
sin nada que conturbe la silenciosa calma,
y el alma de las cosas será nuestra propia alma,
y nuestro propio salmo el salmo de la estrella.

Y un día, cuando el ojo penetrante e inquieto
sepa mirar muy hondo, y el anhelante oído
sepa escuchar las voces de los desconocido,
se abrirá a nuestras almas el profundo secreto.




He aquí otra breve composición del mismo autor:




Mi tristeza es como un rosal florido

Mi tristeza es como un rosal florido.
Si helado cierzo o ráfaga ardorosa
lo sacuden, el pétalo caído
se trueca en savia y se convierte en rosa…
Mi tristeza es como un rosal florido.

En mi dulce penumbra sin ruido,
la propia vida con mi llanto riego,
y las horas dolientes que he vivido
impregnan de perfumes mi sosiego…
Mi tristeza es como un rosal florido.

Tú que colgaste en mi dolor tu nido,
sabes que a cada mal brota una yema
y revienta un botón a cada olvido.
¡Perenne floración y eterno emblema!…




En esta pieza poética, su autor nos invita a buscar el lado alegre de las cosas, nos invita a buscar una sonrisa inclusive en los objetos inanimados, quizá como una forma de encontrar el rostro amable de la Creación que nos sonríe a todos aunque no nos demos cuenta de su sonrisa.




Cuando sepas hallar una sonrisa

Cuando sepas hallar una sonrisa
en la gota sutil que se rezuma
de las porosas piedras, en la bruma,
en el sol, en el ave y en la brisa;

cuando nada a tus ojos quede inerte,
ni informe, ni incoloro, ni lejano,
y penetres la vida y el arcano
del silencio, las sombras y la muerte;

cuando tiendas la vista a los diversos
rumbos del cosmos, y tu esfuerzo propio
sea como potente microscopio
que va hallando invisibles universos,

entonces en las flamas de la hoguera
de un amor infinito y sobrehumano,
como el santo de Asís, dirás hermano
al árbol, al celaje y a la fiera.

Sentirás en la inmensa muchedumbre
de seres y de cosas tu ser mismo;
serás todo pavor con el abismo
y serás todo orgullo con la cumbre.

Sacudirá tu amor el polvo infecto
que macula el blancor de la azucena,
bendecirás las márgenes de arena
y adorarás el vuelo del insecto;

y besarás el garfio del espino
y el sedeño ropaje de las dalias…
y quitarás piadoso tus sandalias
por no herir a las piedras del camino


La siguiente composición, llena de nostalgia y melancolía, nos lleva al encuentro de cosas a las que tarde o temprano tenemos que afrontar en nuestras vidas, y a las cuales debemos dar nuestro mejor semblante para no dejarnos llevar hacia una angustia inquietante.




Porque ya mis tristezas

Porque ya mis tristezas son como los matices
sombríos de los cuadros en que la luz fulgura;
porque ya paladeo la gota de la amargura
en el dorado néctar de las horas felices;

porque sé abandonarme, con la santa inconsciencia
de una tabla que flota, sobre el mar de la vida,
y aparté de mis labios la manzana prohibida
con que tentarme quiso el árbol de la ciencia;

porque supe vestirme con el albo ropaje
de mi niñez ingenua, aspirar el salvaje
aroma de los campos, embriagarme de sol,
y mirar como en antes el pájaro y la estrella
-el pájaro que un día me contó su querella;
la estrella que una noche conmigo sonrió-,

y porque ya me diste la calma indeficiente,
vida, y el don supremo de la sonrisa franca,
sobre la piedra blanca voy a posar mi frente
y marcaré este día con otra piedra blanca…




Proclive a la melancolía reflexiva como lo revela el poema anterior, el poeta de Jalisco nos dejó los siguientes versos que recogen la impresión que causaron en él dos hermanas a las que conoció hace ya algún tiempo:


Eran dos hermanas

Eran dos hermanas,
eran dos hermanas tristes
y pálidas.

Venía una de ellas
de tierras lejanas
trayendo en sus hombros un fardo
de nostalgias,
siempre pensativa,
callada,
con los ojos vueltos hacia el infinito,
los ojos azules de pupilas vagas
por los que en momentos hasta parecía
salírsele el alma...
La otra
hermana,
de labios marchitos,
de sonrisa amarga,
siempre muda,
siempre inmóvil, esperaba
yo no sé qué cosas de pasados tiempos,
memorias ausentes o dichas lejanas...
No se que tenía
su sonrisa...  Hablaba
de aquellos abismos de dolor inmenso
en que se han hundido unas cuantas almas.
Y cuando lloraba llanto silencioso
la primera hermana,
ella sonreía, ella sonreía
y callaba. . .
De aquellas sonrisas
y de aquellas lágrimas
yo nunca he podido saber cuáles eran
más amargas...

Eran dos hermanas,
eran dos hermanas tristes
y pálidas...




Cuando un amigo se va

Un poema muy hermoso compuesto como balada es el que se le atribuye tanto al argentino Facundo Cabral como al también argentino Alberto Cortez y a Ricardo Montaner, aunque la autoría original parece ser de Facundo Cabral, el cual compartió su tesoro con su coterráneo Alberto Cortez y los cuales lo compartieron ambos con el resto de nosotros para enriquecer nuestro tesoro espiritual.

El poema se titula Cuando un amigo se va, y la enorme ironía del título y de su contenido radica en el hecho de que tras el trágico asesinato en Guatemala del fecundo e inspirador Facundo Cabral, Alberto Cortez perdió a su mejor amigo y las rimas de la balada entraron en su corazón con una fuerza y una potencia que jamás se hubiera imaginado. Fue hasta entonces cuando Alberto Cortez comprendió plenamente en toda su profundidad el significado de la letra de la balada. Es una verdadera ironía del destino que a ellos les tocara experimentar en carne propia lo que describe el poema. Seguramente cuando alguno de nosotros pierde a un verdadero amigo, estará en condiciones de poder apreciar en toda su plenitud el mensaje de la balada. Vale la pena tener estos versos a la mano, porque seguramente algún día se podrán ofrecer para poder meditar y reflexionar sobre la pérdida irreparable que hace cierto el refrán “el que encuentra un amigo encuentra un tesoro”.




Cuando un amigo se va
Facundo Cabral


Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

Cuando un amigo se va
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas de un río.

Cuando un amigo se va
una estrella se ha perdido
la que ilumina el lugar
donde hay un niño dormido.

Cuando un amigo se va
se detienen los caminos
se empieza a revelar
el duende manso del vino.

Cuando un amigo se va
galopando su destino
empieza el alma a vibrar,
porque se llena de frío.

Cuando un amigo se va
queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar
con las piedras del hastío.

Cuando un amigo se va
se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar
porque el viento lo ha vencido.

Cuando un amigo se va
queda un espcio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.



Para salir adelante

Unos versos para dar aliento a cualquiera en la lucha por la vida cuando se encuentran obstáculos que se antojan insuperables son los que forman parte del poema No claudiques de Rudyard Kipling que ya fueron reproducidos aquí en este rincón poético el viernes 5 de noviembre de 2010.

Otros breves versos con la misma intención son los que fueron compuestos por un poeta (no muy conocido como poeta) de nombre Manuel Sandoval, el cual por cierto ni siquiera era era un hombre dedicado a las letras, era un físico-matemático (al igual que yo). El soneto que será reproducido a continuación ha sido atribuído a personajes como Amado Nervo y al Padre Miguel Agustín Pro, aunque la autoría del mismo corresponde a Manuel Sandoval. Cuando sintamos nuestros ánimos decaer y las cosas parezcan salirse fuera de control, vale la pena recitar estos versos como si fuesen una pequeña oración, los cuales ayudarán a fortalecer el espíritu y renovar el ánimo de lucha.



Lucha y confía
Por: Manuel Sandoval

Lo que no logres hoy, quizás mañana
lo lograrás, no es tiempo todavía;
nunca en el breve término de un día
madura el fruto, ni la espiga grana.

No son jamás, en la labor humana,
vano el afán e inútil la porfía;
el que con fe y valor lucha y confía
los mayores obstáculos allana.

Trabaja y persevera, que en el mundo
nada existe rebelde, ni infecundo
para el poder de Dios y de la idea.

Hasta la estéril y deforme roca
es manantial cuando Moisés la toca
y estatua cuando Fidias la golpea.



viernes, 21 de octubre de 2011

El músico poeta

También entre los músicos hay poetas. De hecho, la música es poesía sin letras. Un músico-poeta excepcional de México, sin duda alguna, lo fue Agustín Lara, el cual nos dejó un tesoros de melodías que se siguen escuchando por doquier varias décadas después de su muerte.

El día de muertos es una tradición que nos han heredado los antiguos mexicanos, y es eminentemente mexicana. Es extraña y muy característica, la idea, todavía arraigada entre una gran mayoría de mexicanos, de que en el más allá se dá licencia a los difuntos para visitar a sus parientes que se han quedado en la tierra, recibiendo al alma del difunto como un huésped ilustre a quien se ha de festejar y agasajar en la forma más atenta. Dentro de las costumbres Aztecas, al fallecer una persona, le doblaban las piernas en actitud de sentado, afirmaban brazos y piernas atándolos firmemente, en un lienzo acabado de tejer ponían el cuerpo al cual le ponían en la boca una bella pieza de jade que era el símbolo de su corazón, y tendría que darlo a los dioses en su camino a Mictlán, la residencia de los muertos, enseguida cosían el lienzo con el cadáver dentro y ataban encima un petate. En una gran plaza alejada de propósito, preparaban una pira funeraria y situaban encima el cadáver rodeado de las cosas que poseyera en vida: su escudo, espada, etc. La viuda, la hermana o la madre preparaba tortillas, frijoles y bebidas. Un sacerdote debía comprobar que no le faltara nada y al fin prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones. Las cenizas eran puestas en una urna junto con el jade. Los Aztecas creían ser inmortales y la muerte no era más que una forma nueva de vida, esta creencia en la inmortalidad no es algo que trajeran los misioneros franciscanos que evangelizaron a México, ya la tenían los pueblos indígenas en sus tradiciones.

Al aproximarse la festividad del Día de los Muertos en México, tradición ancestral con profundas raíces indígenas, hay una isla en el lago de Pátzcuaro, ubicado en el Estado de Michoacán, la más importante de las cinco islas del lago de Pátzcuaro:




en donde la celebración del Día de los Muertos adquiere una relevancia especial, única en el mundo. En lo alto de la isla, observable desde lo lejos, existe un monumento del héroe nacional de la revolución de independencia (con su brazo derecho alzado y su puño cerrado), José María Morelos y Pavón. Este monumento contiene en su interior una colección de pinturas que describen la biografía del héroe mexicano. Existe un mirador en la estructura en el puño del monumento donde se pueden admirar todos los alrededores de la isla así como gran proporción del lago de Pátzcuaro, pudiéndose apreciar también a los pescadores que obtienen su diario sustento de dicho lago:




Es el 1 de noviembre de cada año cuando tiene lugar en la isla una ceremonia muy querida para sus habitantes. Durante la noche es costumbre llevar las ofrendas a los muertos, y se hace una procesión iluminada con cirios y animada con cánticos religiosos. Toda la isla resplandece con luces y antorchas:




Es precisamente esta hermosa isla, única en su género alrededor del mundo por sus tradiciones y costumbres, la que sirvió como fuente de inspiració para una de las más imperecederas melodías escritas por Agustín Lara, la cual lleva por título precisamente el nombre de dicha isla:


Janitzio
Música y letra: Agustín Lara

Son las redes de plata
un encaje tan sutil
mariposas que duermen
en la noche de zafir.

Como brilla la luna
sobre el lago de cristal
brillan tus ojos
cuando acaban de llorar.

Noches de serenata, de plata y organdí
quejas para la ingrata que por traidor perdí
plenilunio de gloria historia que se va
ilusión que se pierde y que nunca volverá.

Si me mata tu ausencia si me ahoga la inquietud
si no tienes clemencia para esta esclavitud
que las aguas se lleven mi llanto y mi dolor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor.

Noches de serenata de plata y organdí
quejas para la ingrata que por traidor perdí
plenilunio de gloria historia que se va
ilusión que se pierde y que nunca volverá
       
Si me mata tu ausencia si me ahoga la inquietud
si no tienes clemencia para esta esclavitud
que las aguas se lleven mi llanto y mi dolor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor.

La música que acompaña los versos del músico poeta Agustín Lara, con cambios mínimos en la letra, se puede escuchar en el siguiente enlace de la pagina titulada Alma de México:


Se puede escuchar también en YouTube una interpretación magistral dada por la cantante María de Lourdes en el siguiente enlace:

jueves, 14 de julio de 2011

Cultivo una rosa blanca



Uno de los poemas más breves en la literatura castellana pero que pese a lo breve del mismo (o tal vez por ello) es uno de los más difundidos y conocidos es el que compuso el cubano José Martí. La primera parte del poema contiene un trasfondo importante que algunas veces es explicado en los salones de clase de literatura pero que en muchas otras ocasiones es omitido. Se trata de la parte que dice “cultivo una rosa blanca, en junio como en enero”. Como es bien sabido, las rosas florecen ampliamente ya entrada la primavera y continúan floreciendo en grande en verano, la época que incluye al mes de junio. Pero no florecen en pleno invierno, o sea en el mes de enero. Esto en cierta forma es reminiscente del milagro de las rosas con el que se conmemora en México la aparición de la Virgen de Guadalupe por el hecho de que las rosas de Castilla que Juan Diego le llevó al obispo ni eran nativas de México ni eran flores que pudieran darse en el territorio árido del cual se presume que fueron tomadas. Al decir “cultivo una rosa blanca, en junio como en enero”, el poeta está dando a entender que extiende su amistad sin distingos aún bajo condiciones que se antojarían inalcanzables.

Bien, basta de comentarios. Ahora el breve y famoso poema.


Cultivo una rosa blanca

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.

jueves, 5 de mayo de 2011

García Lorca: sus dos poemas más conocidos

Uno de los máximos exponentes de la Generación del 27, sin lugar a dudas, lo es Federico García Lorca. Y sus dos poemas más conocidos son los que serán reproducidos a continuación.




Romance sonámbulo

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar 
y el caballo en la montaña. 
Con la sombra en la cintura 
ella sueña en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Verde que te quiero verde. 
Bajo la luna gitana, 
las cosas le están mirando 
y ella no puede mirarlas. 

Verde que te quiero verde. 
Grandes estrellas de escarcha, 
vienen con el pez de sombra 
que abre el camino del alba. 
La higuera frota su viento 
con la lija de sus ramas, 
y el monte, gato garduño, 
eriza sus pitas agrias. 
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? 
Ella sigue en su baranda, 
verde carne, pelo verde, 
soñando en la mar amarga. 

Compadre, quiero cambiar 
mi caballo por su casa, 
mi montura por su espejo, 
mi cuchillo por su manta. 
Compadre, vengo sangrando, 
desde los montes de Cabra. 
Si yo pudiera, mocito, 
ese trato se cerraba. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Compadre, quiero morir 
decentemente en mi cama. 
De acero, si puede ser, 
con las sábanas de holanda. 
¿No ves la herida que tengo 
desde el pecho a la garganta? 
Trescientas rosas morenas 
lleva tu pechera blanca. 
Tu sangre rezuma y huele 
alrededor de tu faja. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Dejadme subir al menos 
hasta las altas barandas, 
dejadme subir, dejadme, 
hasta las verdes barandas. 
Barandales de la luna 
por donde retumba el agua. 

Ya suben los dos compadres 
hacia las altas barandas. 
Dejando un rastro de sangre. 
Dejando un rastro de lágrimas. 
Temblaban en los tejados 
farolillos de hojalata. 
Mil panderos de cristal, 
herían la madrugada. 

Verde que te quiero verde, 
verde viento, verdes ramas. 
Los dos compadres subieron. 
El largo viento, dejaba 
en la boca un raro gusto 
de hiel, de menta y de albahaca. 
¡Compadre! ¿Dónde está, dime? 
¿Dónde está mi niña amarga? 
¡Cuántas veces te esperó! 
¡Cuántas veces te esperara, 
cara fresca, negro pelo, 
en esta verde baranda! 

Sobre el rostro del aljibe 
se mecía la gitana. 
Verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Un carámbano de luna 
la sostiene sobre el agua. 
La noche su puso íntima 
como una pequeña plaza. 
Guardias civiles borrachos, 
en la puerta golpeaban. 
Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar. 
Y el caballo en la montaña.






La casada infiel

Y que yo me la llevé al río 
creyendo que era mozuela, 
pero tenía marido. 

Fue la noche de Santiago 
y casi por compromiso. 
Se apagaron los faroles 
y se encendieron los grillos. 
En las últimas esquinas 
toqué sus pechos dormidos, 
y se me abrieron de pronto 
como ramos de jacintos. 
El almidón de su enagua 
me sonaba en el oído, 
como una pieza de seda 
rasgada por diez cuchillos. 
Sin luz de plata en sus copas 
los árboles han crecido, 
y un horizonte de perros 
ladra muy lejos del río. 


Pasadas las zarzamoras, 
los juncos y los espinos, 
bajo su mata de pelo 
hice un hoyo sobre el limo. 
Yo me quité la corbata. 
Ella se quitó el vestido. 
Yo el cinturón con revólver. 
Ella sus cuatro corpiños. 
Ni nardos ni caracolas 
tienen el cutis tan fino, 
ni los cristales con luna 
relumbran con ese brillo. 
Sus muslos se me escapaban 
como peces sorprendidos, 
la mitad llenos de lumbre, 
la mitad llenos de frío. 
Aquella noche corrí 
el mejor de los caminos, 
montado en potra de nácar 
sin bridas y sin estribos. 
No quiero decir, por hombre, 
las cosas que ella me dijo. 
La luz del entendimiento 
me hace ser muy comedido. 
Sucia de besos y arena 
yo me la llevé del río. 
Con el aire se batían 
las espadas de los lirios. 

Me porté como quien soy. 
Como un gitano legítimo. 
Le regalé un costurero 
grande de raso pajizo, 
y no quise enamorarme 
porque teniendo marido 
me dijo que era mozuela 
cuando la llevaba al río.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Vinícius de Moraes: Para vivir un gran amor

Vinícius de Moraes, apodado O Poetinha (el pequeño poeta), conocido también como el “blanco más negro del Brasil” (o branco mais preto do Brazil) como a él mismo le gustaba definirse, fue una figura capital en la música popular brasileña contemporánea. Su nombre completo era Marcus Vinícius da Cruz de Melo Morais, nació y murió en Río de Janeiro, y como poeta escribió escribió la letra de un gran número de canciones que se han convertido en clásicas. Además de ser el autor de la famosísima Orfeu da Conceição (una adaptación en forma de pieza musical del mito griego de Orfeo, transportado a la realidad de las favelas de Rio de Janeiro) y creador del estilo musical bossa nova, compaginó incansablemente la diplomacia, la música y la literatura. Su poesía permite reconocer dos etapas en su sensibilidad lírica: la primera de total adhesión al cristianismo, con una concepción espiritualista religiosa y mística;  la segunda, de constante aproximación al mundo material, en la que reniega del idealismo anterior. Él mismo dijo que había evolucionado “en el sentido de la liberación de los prejuicios y los hastíos propios de su clase social y del ambiente en que había vivido”.

Siendo un brasileño y habiendo escrito sus poemas en Portugués, la apreciación de su obra nunca podrá ser tan buena cuando sus versos son traducidos al Castellano, de la misma manera en que las letras de las canciones de los Beatles o la prosa de Shakespeare pierden mucho de su sabor y su rima cuando son sometidas a una traducción. Sin embargo, no todo necesariamente se pierde durante el proceso de traducción, ya que puede sobrevivir la esencia del mensaje cuando el traductor ha hecho un buen trabajo. Y tratándose del Portugués, por ser un idioma con muchas similitudes con el Castellano por razones históricas, la esencia del mensaje puede perdurar al traspasar fronteras entre ambas culturas.

Uno de los poemas más conocidos de Vinícius de Moraes, el cual en Brasil es interpretado con la música de bossa nova que le acompaña, es el que veremos a continuación, el cual se dará primero en su versión traducida al Castellano, y en su versión original para que pueda apreciarse mejor el espíritu de la inspiración nativa del autor.




Para vivir un gran amor
Vinícius de Moraes

Para vivir un gran amor,
se necesita mucha concentración y mucha sensatez,
mucha seriedad y y poca risa - para vivir un gran amor.

Para vivir un gran amor,
es menester ser un hombre de una sola mujer;
pues ser de muchas, ¡vaya! Eso es fácil… 
- No tiene mérito alguno.

Para vivir un gran amor,
primero es preciso consagrarse caballero
y entregarse a su dama por entero, no importa cómo sea.

Hay que convertir el cuerpo
en una morada donde se encierre a la mujer amada
y luego apostarse afuera con una espada- para vivir un gran amor.

Para vivir un gran amor, os cuento,
es necesario prestar atención a los “viejos amigos”,
que por querer acapararnos, pueden estropear el gran amor.

Hay que tener muchísimo cuidado
con cualquiera que no esté enamorado,
pues quien no lo está, está siempre preparado
para fastidiar el gran amor.

Para vivir un gran amor, en realidad,
hay que convencerse de que la verdad
es que no existe amor sin fidelidad - para vivir un gran amor.

Pues quien traiciona su amor por vanidad
es un desconocedor de la libertad,
de esa inmensa, indivisible libertad que trae un sólo amor.

Para vivir un gran amor,
“il faut”, además de ser fiel
ser un buen conocedor del arte culinario y del judo
-para vivir un gran amor.

Para vivir un gran amor perfecto,
no basta sólo con ser un buen sujeto;
es preciso también tener mucho pecho -pecho de remero.
Es preciso mirar siempre a la persona amada
como a la primera novia y a su viuda también,
amortajada en su amor muerto.

Es muy necesario tener preparado
crédito para rosas en el florista
- ¡mucho, mucho más que en la modista! -
para complacer al gran amor.
Pues de lo que el gran amor quiere saber,
es de amor, de amor sin medida;
después, un tutuzinho com torresno es un punto a favor…

También puntúa saber hacer cositas:
huevos revueltos, gambas, sopitas, salsas, strogonoffs
- comiditas para después del amor.
¿Y qué hay mejor que ira a la cocina
y preparar con amor una gallina con una rica y sabrosa farofinha,
para tu gran amor?

Para vivir un gran amor
es muy, muy importante
vivir siempre juntos y hasta ser, en lo posible,
un solo difunto, para no morir de dolor.
Es necesario un cuidado permanente,
no sólo con el cuerpo sino también con la mente,
pues cualquier bajón tuyo, la amada lo siente -
y se enfría un poco el amor.

Hay que ser muy cortés sin cortesía;
dulce y conciliador sin cobardía;
saber ganar dinero con poesía - para vivir un gran amor.
Es necesario saber beber whisky,
(¡con un mal bebedor nunca se arriesgue!)
y ser impermeable al qué dirán, que nada quiere con el amor.
Pero todo esto no sirve de nada,
si en esta selva oscura y desorientada
no se supiese hallar a la amada
-para vivir un gran amor.


Ahora veremos el poema anterior en su versión original tal y como fue creado:


Para viver um grande amor
(versión original en Portugés)
Vinícius de Moraes

Para viver um grande amor,
preciso é muita concentração e muito siso,
muita seriedade e pouco riso —
para viver um grande amor.

Para viver um grande amor,
mister é ser um homem de uma só mulher;
pois ser de muitas, poxa! é de colher…
— não tem nenhum valor.

Para viver um grande amor,
primeiro é preciso sagrar-se cavalheiro
e ser de sua dama por inteiro — seja lá como for.

Há que fazer do corpo
uma morada onde clausure-se a mulher amada
e postar-se de fora com uma espada —
para viver um grande amor.

Para viver um grande amor, vos digo,
é preciso atenção como o “velho amigo”,
que porque é só vos quer sempre consigo
para iludir o grande amor.

É preciso muitíssimo cuidado
com quem quer que não esteja apaixonado,
pois quem não está,
está sempre preparado pra chatear o grande amor.

Para viver um amor, na realidade,
há que compenetrar-se da verdade
de que não existe amor sem fidelidade —
para viver um grande amor.
Pois quem trai seu amor por vanidade
é um desconhecedor da liberdade,
dessa imensa, indizível liberdade que traz um só amor.

Para viver um grande amor,
il faut além de fiel,
ser bem conhecedor de arte culinária e de judô
— para viver um grande amor.

Para viver um grande amor perfeito,
não basta ser apenas bom sujeito;
é preciso também ter muito peito — peito de remador.

É preciso olhar sempre a bem-amada
como a sua primeira namorada e sua viúva também,
amortalhada no seu finado amor.

É muito necessário ter em vista
um crédito de rosas no florista
— muito mais, muito mais que na modista!
— para aprazer ao grande amor.
Pois do que o grande amor quer saber mesmo,
é de amor, é de amor, de amor a esmo;
depois, um tutuzinho com torresmo conta ponto a favor…

Conta ponto saber fazer coisinhas:
ovos mexidos, camarões, sopinhas, molhos, strogonoffs
— comidinhas para depois do amor.
E o que há de melhor que ir pra cozinha
e preparar com amor uma galinha com uma rica e gostosa farofinha,
para o seu grande amor?

Para viver um grande amor
é muito, muito importante
viver sempre junto e até ser, se possível,
um só defunto — pra não morrer de dor.
É preciso um cuidado permanente
não só com o corpo mas também com a mente,
pois qualquer “baixo” seu, a amada sente
— e esfria um pouco o amor.

Há que ser bem cortês sem cortesia;
doce e conciliador sem covardia;
saber ganhar dinheiro com poesia — para viver um grande amor.
É preciso saber tomar uísque
(com o mau bebedor nunca se arrisque!)
e ser impermeável ao diz-que-diz-que —que não quer nada com o amor.
Mas tudo isso não adianta nada,
se nesta selva oscura e desvairada
não se souber achar a bem-amada
— para viver um grande amor.




Otro poema de Vinícius de Moraes traducido al Castellano es el siguiente en el que nos habla de la amistad cuando tenemos necesidad de un amigo, no de un amigo ocasional sino de un verdadero amigo, haciendo honor al refrán que dice “el que encuentra un amigo encuentra un tesoro”:


Se necesita un amigo
Vinícius de Moraes

No es necesario que sea hombre,
basta que sea humano,
basta que tenga sentimientos,
basta que tenga corazón.

Se necesita que sepa hablar y callar,
sobre todo que sepa escuchar.

Tiene que gustar de la poesía,
de la madrugada, de los pájaros, del Sol,
de la Luna, del canto, de los vientos
y de las canciones de la brisa.

Debe tener amor, un gran amor por alguien,
o sentir entonces, la falta de no tener ese amor.
Debe amar al prójimo y respetar el dolor que
los peregrinos llevan consigo.
Debe guardar el secreto sin sacrificio.
Debe hablar siempre de frente y
no traicionar con mentiras o deslealtades.

No debe tener miedo de enfrentar nuestra mirada.
No es necesario que sea de primera mano,
ni es imprescindible que sea de segunda mano.
Puede haber sido engañado,
pues todos los amigos son engañados.
No es necesario que sea puro,
ni que sea totalmente impuro,
pero no debe ser vulgar.

Debe tener un ideal, y miedo de perderlo,
y en caso de no ser así,
debe sentir el gran vacío que esto deja.
Tiene que tener resonancias humanas,
su principal objetivo debe ser el del amigo.
Debe sentir pena por las personas tristes
y comprender el inmenso vacío de los solitarios.
Se busca un amigo para gustar
de los mismos gustos,
que se conmueva cuando es tratado de amigo.

Que sepa conversar de cosas simples,
de lloviznas y de grandes lluvias y
de los recuerdos de la infancia.
Se precisa un amigo para no enloquecer,
para contar lo que se vio de bello y
de triste durante el día, de los anhelos
y de las realizaciones, de los sueños y de la realidad.

Debe gustar de las calles desiertas,
de los charcos de agua y los caminos mojados,
del borde de la calle, del bosque después de la lluvia,
de acostarse en el pasto.
Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir,
no porque la vida es bella, sino porque estamos juntos.

Se necesita un amigo para dejar de llorar.
Para no vivir de cara al pasado,
en busca de memorias perdidas.
Que nos palmee los hombros,
sonriendo o llorando,
pero que nos llame amigo,
para tener la conciencia de que aún estamos vivos.


En cierta forma, Vinícius de Moraes es muy conocido en los países de habla hispana a través de una canción brasileña muy famosa para la cual se utilizó la letra de Vinícius de Moraes y la música del compositor brasileño Antonio Carlos Jobim. En el poema original, los versos decían:


Vinha cansado de tudo, de tantos caminhos
Tão sem poesía, tão sem passarinhos
Com medo da vida, com medo de amar.

Quando na tarde vazia, tão linda no espaço
Eu vi a menina que vinha num passo
Cheio de balanço caminho do mar.


Estas letras para la pieza musical no son muy conocidas ni siquiera en Brasil, y es porque la letra fue cambiada ya que tanto Jobim como Vinicius no estaban conformes con la letra hasta que un día, cuando ambos estaban en el bar Veloso (hoy Garota de Ipanema, en la esquina de Prudente de Morais y Montenegro, actualmente rua Vinicius de Moraes), decidieron rebautizar la canción y dedicar los versos a una muchacha que solía pasar rumbo a la playa:


Olha que coisa mais linda, mais cheia de graça
É ela a menina que vem e que passa
Num doce balanço caminho do mar.

Moça do corpo dourado, do sol de Ipanema
O seu balançado é mais que um poema
É a coisa mais linda que eu já vi passar.


Sí, la canción es La Chica de Ipanema (Garota de Ipanema en Portugués, en Inglés The Girl from Ipanema) una famosísima canción de bossa nova, compuesta en 1962 con la letra de Vinícius de Moraes y la música de Antonio Carlos Jobim. En 1965, Jobim y Vinicius le confesaron a Helô Pinheiro (cuyo verdadero nombre es Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto) que ella había sido la musa inspiradora. Cuando ella se casó, Tom Jobim y su esposa Teresa fueron los padrinos de la boda. Helô es dueña actualmente de una cadena de locales de venta de bikinis llamado Garota de Ipanema. En Revelação: a verdadeira Garota de Ipanema, Vinicius de Moraes escribió que ella era:

“o paradigma do bruto carioca; a moça dourada, misto de flor e sereia, cheia de luz e de graça mas cuja a visão é também triste, pois carrega consigo, a caminho do mar, o sentimento da que passa, da beleza que não é só nossa — é um dom da vida em seu lindo e melancólico fluir e refluir constante.”

que traducido al Castellano dice lo siguiente:

“el paradigma del tipo carioca; una mujer dorada, mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia pero cuya visión es también triste, pues lleva consigo, camino del mar, el sentimento de lo que pasa, la belleza que no es nuestra — es un don de la vida en su lindo y melancólico fluir y refluir constante.”

Y aunque el autor de la famosísima Orfeu da Conceição fue obra de Vinícius de Moraes, quizá la canción más famosa dentro de dicha obra no fue de autoría suya. En Español esta canción fue popularizada en tiempos recientes por el cantante mexicano Luis Miguel, bajo el título Mañana de Carnaval, la cual podemos escuchar en su versión e imágenes originales de la película en el siguiente enlace de YouTube:

http://www.youtube.com/watch?v=nVkDfnGobmI&NR=1

La música de Manha de Carnaval es de Luiz Bonfá, mientras que la letra es de la autoría de Antônio Maria Araújo de Morais. Por si acaso alguien quiere cantar la melodía al escuchar la música, he aquí las letras:


Manha de Carnaval
Luiz Bonfá

Manha, tao bonita manha
De um dia feliz che chegou!
O sol no ceu surgiu
E em cada cor brilhou.
Voltou o sonho entao
Ao coraçao.

Depois deste dia feliz,
Nao sei se outro dia virá,
E nossa amanha,
Tao bela afinal amanha
De carnaval.

Canta o meu coraçao.
Alegria voltou. Tao feliz
A manha deste amor.

Manha tao bonita manha!
Na vida uma nova cançao,
Cantando só teus olhos,
Teu riso e tuas maos,
Pois ha de haver um dia
Em que virás.

Das cordas do meu violao,
Que só teu amor procurou,
Vem uma voz falar
Dos beijos perdidos
Nos lábios teus.

Canta o meu coraçao.
Alegria voltou. Tao feliz
A manha deste amor.