lunes, 2 de diciembre de 2013

Se hace camino al andar



Uno de los más egregios poetas españoles lo fué sin duda Antonio Machado, a quien le debemos un breve pero profundo poema que en unas cuantas líneas nos debe poner a todos a pensar y a reflexionar sobre el recorrido que hemos llevado a cabo en nuestras vidas, y lo que aún nos falta por recorrer en la ruta que nosotros construiremos al andar. Posiblemente muchos reconocerán de inmediato los siguientes versos tomados de su obra inmortal Proverbios y cantares (XXIX):


Caminante no hay camino
Antonio Machado


Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción;
yo amo los mundos sutiles,
ingrávidos y gentiles,
como pompas de jabón.

Me gusta verlos pintarse
de sol y grana, volar
bajo el cielo azul, temblar
súbitamente y quebrarse...

Nunca perseguí la gloria.

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

jueves, 9 de mayo de 2013

En vida, hermano, en vida


Uno de los poemas más conocidos de Ana María Rabatté, oriunda de Tamaulipas y fallecida en febrero de 2010 en su ciudad natal, quien con sus poemas invitó a expresar el amor hoy y no esperar a la muerte, es el poema titulado “En vida, hermano, en vida”. Tras su fallecimiento, su secretaria Martha Martínez quien fuera su secretaria por casi 11 años dijo: “No se casó, tampoco tuvo hijos, pero ayudó a muchos y nos seguirá ayudando con sus libros y pensamientos”.

A continuación se presenta el poema que nos legó para la posteridad Ana María Rabatté con el cual ella ha asegurado su reclamo a la inmortalidad:





En vida hermano, en vida

Si quieres hacer feliz
a alguien que quieras mucho…
díselo hoy, sé muy bueno
en vida, hermano, en vida…

No esperes a que se mueran
si deseas dar una flor
mándalas hoy con amor
en vida, hermano, en vida…

Si deseas decir “te quiero”
a la gente de tu casa
al amigo cerca o lejos
en vida, hermano, en vida…

No esperes a que se muera
la gente para quererla
y hacerle sentir tu afecto
en vida, hermano, en vida…

Tú serás muy venturoso
si aprendes a hacer felices,
a todos los que conozcas
en vida, hermano, en vida…

Nunca visites panteones,
ni llenes tumbas de flores,
llena de amor corazones,
en vida, hermano, en vida…





lunes, 1 de abril de 2013

El bardo tapatío

Aunque no con la fama de Amado Nervo y de Sor Juana Inés de la Cruz, posiblemente uno de los mejores poetas que haya dado México es Enrique González Martínez, médico de profesión y apasionado poeta rebosante de inspiración.

Puesto que el mejor tributo que se le pueda rendir a cualquier hombre es recordándolo por sus buenas obras, sin entrar en mayores detalles plasmaremos en estas páginas algunas de las rimas con las cuales el bardo de la perla jalisciense inmortalizó su paso entre nosotros por este mundo.





El sembrador de estrellas

Y pasarás, y al verte se dirán: «¿Qué camino
va siguiendo el sonámbulo?….» Desatento al murmullo
irás, al aire suelta la túnica de lino,
la túnica albeante de desdén y de orgullo.

Irán acompañándote apenas unas pocas
almas hechas de ensueño. . . .Mas al fin de la selva,
al ver ante sus ojos el murallón de rocas,
dirán amedrentadas: «Esperemos que vuelva.»

Y treparás tú solo los agrietados senderos;
vendrá luego el fantástico desfile de paisajes,
y llegarás tú solo a descorrer celajes
allá donde las cumbres besan a los luceros.

Bajarás lentamente una noche de luna
enferma, de dolientes penumbras misteriosas,
sosteniendo tus manos y regando una a una,
con un gesto de dádiva, las lumínicas rosas.

Y mirarán absortos el claror de tus huellas,
y clamará la jerga de aquel montón humano:
«Es un ladrón de estrellas…» Y tu pródiga mano
seguirá por la vida desparramando estrellas…






La siguiente composición poética del bardo tapatío nos invita a buscar en todas las cosas su significado más profundo, ese significado que solo podemos comprender cuando verdaderamente nos entregamos a un remanso de paz espiritual y tranquilidad interna.




Busca en todas las cosas

Busca en todas las cosas un alma y un sentido
oculto; no te ciñas a la apariencia vana;
husmea, sigue el rastro de la verdad arcana,
escudriñante el ojo y aguzado el oído.

No seas como el necio, que al mirar la virgínea
imperfección del mármol que la arcilla aprisiona,
queda sordo a la entraña de la piedra, que entona
en recóndito ritmo la canción de la línea.

Ama todo lo grácil de la vida, la calma
de la flor que se mece, el color, el paisaje.
Ya sabrás poco a poco descifrar su lenguaje…
¡Oh divino coloquio de las cosas y el alma!

Hay en todos los seres una blanda sonrisa,
un dolor inefable o un misterio sombrío.
¿Sabes tú si son lágrimas las gotas de rocío?
¿Sabes tú qué secreto va contando la brisa?

Atan hebras sutiles a las cosas distantes;
al acento lejano corresponde otro acento.
¿Sabes tú donde lleva los suspiros el viento?
¿Sabes tú si son almas las estrellas errantes?

No desdeñes al pájaro de argentina garganta
que se queja en la tarde, que salmodia a la aurora.
Es un alma que canta y es un alma que llora…
¡Y sabrá por qué llora, y sabrá por qué canta!

Busca en todas las cosas el oculto sentido;
lo hallarás cuando logres comprender su lenguaje;
cuando sientas el alma colosal del paisaje
y los ayes lanzados por el árbol herido…




¿Quién no ha visto un atardecer hermoso que quisiera recordar por el resto de su vida? La siguiente composición nos invita a recordarlo, volviéndonos a revivir otras épocas, quizá de nuestra infancia, que hubiéramos querido que duraran para siempre.




¿Te acuerdas de la tarde?

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal?…
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar…

Mis ojos eran hechos para formas sensibles;
me embriagaba la línea, adoraba el color;
apartaba mi espíritu de sueños imposibles,
desdeñaba las sombras enemigas del sol.

Del jardín me atraían el jazmín y la rosa
-la sangre de la rosa, la nieve del jazmín -
sin saber que a mi lado pasaba temblorosa,
hablándome en secreto, el alma del jardín.

Halagaban mi oído las voces de las aves,
la balada del viento, el canto del pastor,
y yo formaba coro con las notas suaves,
y enmudecían ellas y enmudecía yo…

Jamás seguir lograba el fugitivo rastro
de lo que ya no existe, de lo que ya se fue…
Al fenecer la nota, al apagarse el astro,
¡oh sombras, oh silencio, dormitabais también!

¿Te acuerdas de la tarde en que vieron mis ojos
de la vida profunda el alma de cristal?
Yo amaba solamente los crepúsculos rojos,
las nubes y los campos, la ribera y el mar…

Seguramente hay quienes encuentran en la vida a su alma gemela. Quizá pensando en ellos, el poeta eminente de Jalisco compuso la siguiente pieza:




A la que va conmigo

Iremos por la vida como dos pajarillos
que van en pos de rubias espigas, y hablaremos
de sutiles encantos y de goces supremos
con ingenuas palabras y diálogos sencillos.

Cambiaremos sonrisas con la hermana violeta
que atisba tras la verde y oscura celosía,
y aplaudiremos ambos la célica armonía
del amigo sinsonte que es músico y poeta.

Daremos a las nubes que circundan los flancos
de las altas montañas nuestro saludo atento,
y veremos cuál corren al impulso del viento
como un tropel medroso de corderillos blancos.

Oiremos cómo el bosque se puebla de rumores,
de misteriosos cantos y de voces extrañas;
y veremos cuál tejen las pacientes arañas
sus telas impalpables con los siete colores.

Iremos por la vida confundidos en ella,
sin nada que conturbe la silenciosa calma,
y el alma de las cosas será nuestra propia alma,
y nuestro propio salmo el salmo de la estrella.

Y un día, cuando el ojo penetrante e inquieto
sepa mirar muy hondo, y el anhelante oído
sepa escuchar las voces de los desconocido,
se abrirá a nuestras almas el profundo secreto.




He aquí otra breve composición del mismo autor:




Mi tristeza es como un rosal florido

Mi tristeza es como un rosal florido.
Si helado cierzo o ráfaga ardorosa
lo sacuden, el pétalo caído
se trueca en savia y se convierte en rosa…
Mi tristeza es como un rosal florido.

En mi dulce penumbra sin ruido,
la propia vida con mi llanto riego,
y las horas dolientes que he vivido
impregnan de perfumes mi sosiego…
Mi tristeza es como un rosal florido.

Tú que colgaste en mi dolor tu nido,
sabes que a cada mal brota una yema
y revienta un botón a cada olvido.
¡Perenne floración y eterno emblema!…




En esta pieza poética, su autor nos invita a buscar el lado alegre de las cosas, nos invita a buscar una sonrisa inclusive en los objetos inanimados, quizá como una forma de encontrar el rostro amable de la Creación que nos sonríe a todos aunque no nos demos cuenta de su sonrisa.




Cuando sepas hallar una sonrisa

Cuando sepas hallar una sonrisa
en la gota sutil que se rezuma
de las porosas piedras, en la bruma,
en el sol, en el ave y en la brisa;

cuando nada a tus ojos quede inerte,
ni informe, ni incoloro, ni lejano,
y penetres la vida y el arcano
del silencio, las sombras y la muerte;

cuando tiendas la vista a los diversos
rumbos del cosmos, y tu esfuerzo propio
sea como potente microscopio
que va hallando invisibles universos,

entonces en las flamas de la hoguera
de un amor infinito y sobrehumano,
como el santo de Asís, dirás hermano
al árbol, al celaje y a la fiera.

Sentirás en la inmensa muchedumbre
de seres y de cosas tu ser mismo;
serás todo pavor con el abismo
y serás todo orgullo con la cumbre.

Sacudirá tu amor el polvo infecto
que macula el blancor de la azucena,
bendecirás las márgenes de arena
y adorarás el vuelo del insecto;

y besarás el garfio del espino
y el sedeño ropaje de las dalias…
y quitarás piadoso tus sandalias
por no herir a las piedras del camino


La siguiente composición, llena de nostalgia y melancolía, nos lleva al encuentro de cosas a las que tarde o temprano tenemos que afrontar en nuestras vidas, y a las cuales debemos dar nuestro mejor semblante para no dejarnos llevar hacia una angustia inquietante.




Porque ya mis tristezas

Porque ya mis tristezas son como los matices
sombríos de los cuadros en que la luz fulgura;
porque ya paladeo la gota de la amargura
en el dorado néctar de las horas felices;

porque sé abandonarme, con la santa inconsciencia
de una tabla que flota, sobre el mar de la vida,
y aparté de mis labios la manzana prohibida
con que tentarme quiso el árbol de la ciencia;

porque supe vestirme con el albo ropaje
de mi niñez ingenua, aspirar el salvaje
aroma de los campos, embriagarme de sol,
y mirar como en antes el pájaro y la estrella
-el pájaro que un día me contó su querella;
la estrella que una noche conmigo sonrió-,

y porque ya me diste la calma indeficiente,
vida, y el don supremo de la sonrisa franca,
sobre la piedra blanca voy a posar mi frente
y marcaré este día con otra piedra blanca…




Proclive a la melancolía reflexiva como lo revela el poema anterior, el poeta de Jalisco nos dejó los siguientes versos que recogen la impresión que causaron en él dos hermanas a las que conoció hace ya algún tiempo:


Eran dos hermanas

Eran dos hermanas,
eran dos hermanas tristes
y pálidas.

Venía una de ellas
de tierras lejanas
trayendo en sus hombros un fardo
de nostalgias,
siempre pensativa,
callada,
con los ojos vueltos hacia el infinito,
los ojos azules de pupilas vagas
por los que en momentos hasta parecía
salírsele el alma...
La otra
hermana,
de labios marchitos,
de sonrisa amarga,
siempre muda,
siempre inmóvil, esperaba
yo no sé qué cosas de pasados tiempos,
memorias ausentes o dichas lejanas...
No se que tenía
su sonrisa...  Hablaba
de aquellos abismos de dolor inmenso
en que se han hundido unas cuantas almas.
Y cuando lloraba llanto silencioso
la primera hermana,
ella sonreía, ella sonreía
y callaba. . .
De aquellas sonrisas
y de aquellas lágrimas
yo nunca he podido saber cuáles eran
más amargas...

Eran dos hermanas,
eran dos hermanas tristes
y pálidas...




Cuando un amigo se va

Un poema muy hermoso compuesto como balada es el que se le atribuye tanto al argentino Facundo Cabral como al también argentino Alberto Cortez y a Ricardo Montaner, aunque la autoría original parece ser de Facundo Cabral, el cual compartió su tesoro con su coterráneo Alberto Cortez y los cuales lo compartieron ambos con el resto de nosotros para enriquecer nuestro tesoro espiritual.

El poema se titula Cuando un amigo se va, y la enorme ironía del título y de su contenido radica en el hecho de que tras el trágico asesinato en Guatemala del fecundo e inspirador Facundo Cabral, Alberto Cortez perdió a su mejor amigo y las rimas de la balada entraron en su corazón con una fuerza y una potencia que jamás se hubiera imaginado. Fue hasta entonces cuando Alberto Cortez comprendió plenamente en toda su profundidad el significado de la letra de la balada. Es una verdadera ironía del destino que a ellos les tocara experimentar en carne propia lo que describe el poema. Seguramente cuando alguno de nosotros pierde a un verdadero amigo, estará en condiciones de poder apreciar en toda su plenitud el mensaje de la balada. Vale la pena tener estos versos a la mano, porque seguramente algún día se podrán ofrecer para poder meditar y reflexionar sobre la pérdida irreparable que hace cierto el refrán “el que encuentra un amigo encuentra un tesoro”.




Cuando un amigo se va
Facundo Cabral


Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

Cuando un amigo se va
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas de un río.

Cuando un amigo se va
una estrella se ha perdido
la que ilumina el lugar
donde hay un niño dormido.

Cuando un amigo se va
se detienen los caminos
se empieza a revelar
el duende manso del vino.

Cuando un amigo se va
galopando su destino
empieza el alma a vibrar,
porque se llena de frío.

Cuando un amigo se va
queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar
con las piedras del hastío.

Cuando un amigo se va
se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar
porque el viento lo ha vencido.

Cuando un amigo se va
queda un espcio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.



Para salir adelante

Unos versos para dar aliento a cualquiera en la lucha por la vida cuando se encuentran obstáculos que se antojan insuperables son los que forman parte del poema No claudiques de Rudyard Kipling que ya fueron reproducidos aquí en este rincón poético el viernes 5 de noviembre de 2010.

Otros breves versos con la misma intención son los que fueron compuestos por un poeta (no muy conocido como poeta) de nombre Manuel Sandoval, el cual por cierto ni siquiera era era un hombre dedicado a las letras, era un físico-matemático (al igual que yo). El soneto que será reproducido a continuación ha sido atribuído a personajes como Amado Nervo y al Padre Miguel Agustín Pro, aunque la autoría del mismo corresponde a Manuel Sandoval. Cuando sintamos nuestros ánimos decaer y las cosas parezcan salirse fuera de control, vale la pena recitar estos versos como si fuesen una pequeña oración, los cuales ayudarán a fortalecer el espíritu y renovar el ánimo de lucha.



Lucha y confía
Por: Manuel Sandoval

Lo que no logres hoy, quizás mañana
lo lograrás, no es tiempo todavía;
nunca en el breve término de un día
madura el fruto, ni la espiga grana.

No son jamás, en la labor humana,
vano el afán e inútil la porfía;
el que con fe y valor lucha y confía
los mayores obstáculos allana.

Trabaja y persevera, que en el mundo
nada existe rebelde, ni infecundo
para el poder de Dios y de la idea.

Hasta la estéril y deforme roca
es manantial cuando Moisés la toca
y estatua cuando Fidias la golpea.



viernes, 21 de octubre de 2011

El músico poeta

También entre los músicos hay poetas. De hecho, la música es poesía sin letras. Un músico-poeta excepcional de México, sin duda alguna, lo fue Agustín Lara, el cual nos dejó un tesoros de melodías que se siguen escuchando por doquier varias décadas después de su muerte.

El día de muertos es una tradición que nos han heredado los antiguos mexicanos, y es eminentemente mexicana. Es extraña y muy característica, la idea, todavía arraigada entre una gran mayoría de mexicanos, de que en el más allá se dá licencia a los difuntos para visitar a sus parientes que se han quedado en la tierra, recibiendo al alma del difunto como un huésped ilustre a quien se ha de festejar y agasajar en la forma más atenta. Dentro de las costumbres Aztecas, al fallecer una persona, le doblaban las piernas en actitud de sentado, afirmaban brazos y piernas atándolos firmemente, en un lienzo acabado de tejer ponían el cuerpo al cual le ponían en la boca una bella pieza de jade que era el símbolo de su corazón, y tendría que darlo a los dioses en su camino a Mictlán, la residencia de los muertos, enseguida cosían el lienzo con el cadáver dentro y ataban encima un petate. En una gran plaza alejada de propósito, preparaban una pira funeraria y situaban encima el cadáver rodeado de las cosas que poseyera en vida: su escudo, espada, etc. La viuda, la hermana o la madre preparaba tortillas, frijoles y bebidas. Un sacerdote debía comprobar que no le faltara nada y al fin prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones. Las cenizas eran puestas en una urna junto con el jade. Los Aztecas creían ser inmortales y la muerte no era más que una forma nueva de vida, esta creencia en la inmortalidad no es algo que trajeran los misioneros franciscanos que evangelizaron a México, ya la tenían los pueblos indígenas en sus tradiciones.

Al aproximarse la festividad del Día de los Muertos en México, tradición ancestral con profundas raíces indígenas, hay una isla en el lago de Pátzcuaro, ubicado en el Estado de Michoacán, la más importante de las cinco islas del lago de Pátzcuaro:




en donde la celebración del Día de los Muertos adquiere una relevancia especial, única en el mundo. En lo alto de la isla, observable desde lo lejos, existe un monumento del héroe nacional de la revolución de independencia (con su brazo derecho alzado y su puño cerrado), José María Morelos y Pavón. Este monumento contiene en su interior una colección de pinturas que describen la biografía del héroe mexicano. Existe un mirador en la estructura en el puño del monumento donde se pueden admirar todos los alrededores de la isla así como gran proporción del lago de Pátzcuaro, pudiéndose apreciar también a los pescadores que obtienen su diario sustento de dicho lago:




Es el 1 de noviembre de cada año cuando tiene lugar en la isla una ceremonia muy querida para sus habitantes. Durante la noche es costumbre llevar las ofrendas a los muertos, y se hace una procesión iluminada con cirios y animada con cánticos religiosos. Toda la isla resplandece con luces y antorchas:




Es precisamente esta hermosa isla, única en su género alrededor del mundo por sus tradiciones y costumbres, la que sirvió como fuente de inspiració para una de las más imperecederas melodías escritas por Agustín Lara, la cual lleva por título precisamente el nombre de dicha isla:


Janitzio
Música y letra: Agustín Lara

Son las redes de plata
un encaje tan sutil
mariposas que duermen
en la noche de zafir.

Como brilla la luna
sobre el lago de cristal
brillan tus ojos
cuando acaban de llorar.

Noches de serenata, de plata y organdí
quejas para la ingrata que por traidor perdí
plenilunio de gloria historia que se va
ilusión que se pierde y que nunca volverá.

Si me mata tu ausencia si me ahoga la inquietud
si no tienes clemencia para esta esclavitud
que las aguas se lleven mi llanto y mi dolor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor.

Noches de serenata de plata y organdí
quejas para la ingrata que por traidor perdí
plenilunio de gloria historia que se va
ilusión que se pierde y que nunca volverá
       
Si me mata tu ausencia si me ahoga la inquietud
si no tienes clemencia para esta esclavitud
que las aguas se lleven mi llanto y mi dolor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor
que recoja Janitzio el perfume de mi amor.

La música que acompaña los versos del músico poeta Agustín Lara, con cambios mínimos en la letra, se puede escuchar en el siguiente enlace de la pagina titulada Alma de México:


Se puede escuchar también en YouTube una interpretación magistral dada por la cantante María de Lourdes en el siguiente enlace:

jueves, 14 de julio de 2011

Cultivo una rosa blanca



Uno de los poemas más breves en la literatura castellana pero que pese a lo breve del mismo (o tal vez por ello) es uno de los más difundidos y conocidos es el que compuso el cubano José Martí. La primera parte del poema contiene un trasfondo importante que algunas veces es explicado en los salones de clase de literatura pero que en muchas otras ocasiones es omitido. Se trata de la parte que dice “cultivo una rosa blanca, en junio como en enero”. Como es bien sabido, las rosas florecen ampliamente ya entrada la primavera y continúan floreciendo en grande en verano, la época que incluye al mes de junio. Pero no florecen en pleno invierno, o sea en el mes de enero. Esto en cierta forma es reminiscente del milagro de las rosas con el que se conmemora en México la aparición de la Virgen de Guadalupe por el hecho de que las rosas de Castilla que Juan Diego le llevó al obispo ni eran nativas de México ni eran flores que pudieran darse en el territorio árido del cual se presume que fueron tomadas. Al decir “cultivo una rosa blanca, en junio como en enero”, el poeta está dando a entender que extiende su amistad sin distingos aún bajo condiciones que se antojarían inalcanzables.

Bien, basta de comentarios. Ahora el breve y famoso poema.


Cultivo una rosa blanca

Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.